Take Eat Easy se convierte en la primera víctima de la lucha por el delivery online

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En los últimos meses, el sector de la comida a domicilio ha dejado de ser un nicho a desarrollar en el que varias startups se esforzaban por crear mercado a base de ingenio, buena cocina e inversión. Actualmente, el foodtech se ha convertido en un terreno atroz en el que sólo consiguen seguir en el negocio las empresas más grandes, o mejor financiadas, tal y como demuestran las últimas compras y cierres corporativos.

España está siendo uno de los campos de batalla de esta guerra por el delivery online. En febrero de 2016, el líder del sector, la multinacional británica Just Eat compraba a su principal rival española, La Nevera Roja, por 125 millones de euros, asegurándose el dominio del mercado ibérico. Este movimiento vino motivado por la llegada pocos meses antes de dos rivales con acento europeo, la startup belga Take Eat Easy y la británica Deliveroo.

Take Eat Easy, un cierre en falso

En septiembre del año pasado, Take Eat Easy comenzaba sus operaciones en Madrid, para posteriormente expandirse a Barcelona y Valencia. El suyo era un auténtico cuento de hadas dentro de la actual moda del emprendimiento a toda costa. Una startup basada en aunar los conceptos de sostenibilidad y producto premium, creada con el esfuerzo conjunto de cuatro jóvenes amigos desde la infancia, los hermanos Roose, Karim Slaoui y Christopphe Libbrecht.

Más allá de su apuesta por el reparto en bicicleta de comida más atractiva, y lucrativa, que el clásico take away, Take Eat Easy destacó por su crecimiento vertiginoso. Fundada en 2013, en apenas tres años consiguieron establecerse en una veintena de ciudades europeas, multiplicaron por diez su plantilla y contribuyeron a atraer un nuevo tipo de público al sector. Un cliente con dinero suficiente para gastarlo en un buen restaurante pero suficientemente perezoso como para salir de casa.

Sin embargo, la falta de financiación fiable ha acabado con su negocio. El pasado 26 de julio, Take Eat Easy anunciaba a sus usuarios el cierre de actividad inmediato con un emotivo mail de despedida. Sin embargo, su desaparición también significa dejar en la calle sin previo aviso a 160 empleados y más de 4.000 repartidores independientes sin cobrar sus últimas nóminas, además de una deuda sin determinar tras campañas publicitarias tan ambiciosas como la del Metro de París durante la pasada navidad.

¿Por qué ha fallado el modelo de Take Eat Easy?

La clave de la caída de la startup belga se debe al desfase entre la ambición de sus dueños y su incapacidad para completar las rondas con las que alimentar su expansión constante. En un terreno cada vez más competitivo, los inversores han preferido a su rival Deliveroo, que ha reacaudado los 275 millones de euros necesarios para afrontar la competencia creciente en las 84 ciudades de una docena de países en los que está implantada.

La llegada inminente de un gran postor como Uber, que prepara el lanzamiento de su delivery online UberEats, ha provocado esta oleada de compraventas, expansiones y cierres. Así, el sector se concentra cada vez más en menos postores, más grandes y mejor estructurados. El peor error de Take Eat Easy fue creer que podría coexistir con su competencia en un mercado extenso en clientes pero falto de soportes financieros reales.

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